Posiblemente haya asistido a este arribo mi cuerpo pero no mi mente, quizá por el aire quedó vagando, conviene tener a cuenta su parsimonia puntual en ocasiones como esta, de "grandes cambios"; acaso en una ciénaga pudo haber torpemente derrapado... ya me enteraré... o no, no sería la primera vez.
Bello y conmovedor este sitio, innegable su hermosura. Su nobleza me estimula a emprender una marcha austera y confiada; entregarme en un paso parco pero complaciente...
Sólo me resta pegarme un buen sacudón para poder deshacerme de algunas acérrimas telarañas que con su fuerte olor entre rancio y adusto solazan mi propósito, no demorar más el encuentro.-
Se sucede la aveniencia, me recibe una voz de rotunda severidad e inexorable me advierte: -Después de todo tú eres tu única muralla, si no la saltas nunca darás ni un solo paso-
Segundos después: dislocación total para imaginar libertades exiguas, mas indemne la impresión, y con más certeza que nunca, de que no tardaré en descubrirme inmersa en el execrable laberinto de los mortales.
Allá voy...
